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Salud emocional en los niños

Educar enseñando a quererse uno mismo

Las emociones no son ni buenas ni malas

Las emociones forman parte de nuestra vida cuotidiana y nos acompañan en todo momento, pero a menudo no somos muy conscientes de su importancia y tendemos a minimizar los problemas emocionales. Algunas personas consiguen comprender el lenguaje de las emociones, pero otras no, y por tanto pasan gran parte de sus vidas en busca de la felicidad basada en los demás, en el éxito, en el dinero…

Ismael Dorado Urbistondo, psicólogo clínico especializado en inteligencia emocional

Pero ¿cuál es el lenguaje que hablan las emociones? ¿Cómo pueden influir las emociones en nuestras vidas? ¿Cómo ser felices con las emociones? A estas preguntas y a muchas más responde en esta entrevista Ismael Dorado Urbistondo, psicólogo clínico especializado en inteligencia emocional, criminólogo. Y profesor colaborador de la Universitat Oberta de Catalunya.

Pregunta: ¿Cómo definirías salud emocional?

Respuesta: Dentro de la idea de salud, en los últimos tiempos ha tomado mucha importancia la idea de salud emocional como algo imposible de separar de la salud orgánica. Partiendo de la frase latina Mens sana in corpore sano (mente sana en un cuerpo sano), comprendemos la importancia que tienen las emociones y nuestra salud mental en todo lo que representamos como ser humano.

 

“Somos seres humanos complejos y diversos”

P: ¿Cuáles son los factores clave para comprenderse emocionalmente?

R: Nadie nos enseñó qué son las emociones, qué funciones tienen o cómo podemos identificarlas. Ninguna asignatura se preocupó de ello en el colegio y ni siquiera era considerado como algo importante para nuestra educación. Comprender nuestras emociones es lo más necesario para nuestro desarrollo. A modo de ejemplo, a nadie se le ocurriría comprar un aparato complejo sin conocer sus instrucciones, pues con nuestras emociones debería pasar lo mismo. Somos seres humanos complejos y diversos, siendo totalmente necesario realizar ese ejercicio de introspección que nos permita ver nuestros puntos fuertes y débiles para mejorarlos.

“cometemos un gran error, querer ‘parchear’ las emociones negativas con algo bueno”

P: ¿En qué etapa de la vida comienza a ser una persona consciente de sus emociones?

R: Desde que somos pequeños nos damos cuenta de la importancia de nuestras emociones y cómo condiciona nuestro mundo, aquel que nos rodea. Cuando un  niño está feliz todo marcha sobre ruedas, al contrario de cuando llora. Pero cometemos un gran error, querer “parchear” las emociones negativas con algo bueno. Lanzamos a los más pequeños la idea que siempre que se sientan mal vendrá alguien a resolverlo.

P: ¿Cómo puede ayudar la escuela a mejorar la salud emocional de los niños?

R: El objetivo principal de la educación es potenciar al máximo el desarrollo integral de los alumnos atendiendo así a los diferentes ámbitos o dimensiones del desarrollo: motor, afectivo, cognitiva, comunicativa y social. Es necesario educar a personas completas, no solamente en lo académico, sino también educar en lo personal y social.

“Lanzamos a los más pequeños la idea que siempre que se sientan mal

vendrá alguien a resolverlo”

P: ¿Y cómo puede ayudar la familia?

R: Si hay un entorno donde es imprescindible que se dé el desarrollo de competencias emocionales, este es el de la familia, sea del tipo que sea. Los fuertes lazos emocionales entre padres e hijos hacen necesario que unos y otros puedan aprender a ser emocionalmente inteligentes con el objetivo de conseguir vivir todos con mayor bienestar.

Es en la familia donde un niño aprende la importancia e influencia de nuestras emociones en la vida de los demás y más tarde, trasladará lo interiorizado a su vida laboral, social o familiar.

Diferentes estudios demuestran que las relaciones interpersonales (entre las que encontramos las familiares) son uno de los factores predictivos del bienestar emocional o de la felicidad. Curiosamente estas relaciones también son causas principales de conflicto y malestar provocando emociones negativas como la tristeza, el rencor, el odio, etc. La clave está en conseguir ser emocionalmente inteligentes, desarrollar y poner en juego estas competencias a la hora de relacionarnos.

P: ¿A qué se hace referencia cuando se habla de inteligencia emocional?

R: De un modelo preocupado fundamentalmente en los trastornos mentales por un lado y en las capacidades de razonamiento por el otro, se ha pasado a un tercer modelo en el que se considera que las emociones son algo intrínseco a nuestro comportamiento y actividad mental no patológica y que, por consiguiente, son algo que debe ser estudiado para comprender cómo somos.

Si pensamos detenidamente en la trascendencia de nuestras emociones en nuestra vida diaria nos daremos cuenta rápidamente que son muchas las ocasiones en que éstas influyen decisivamente en nuestra vida, aunque no nos demos cuenta.

La época en que los procesos de selección de personal se basaban en la experiencia laboral y los conocimientos técnicos terminó. Actualmente, el método ha evolucionado y los aspectos relacionados con la Inteligencia Emocional, como las habilidades interpersonales y la gestión de las emociones, han cobrado un protagonismo clave.

P: ¿Hay momentos o etapas en que las emociones tienen más el control?

R: Sin lugar a duda la adolescencia y la juventud, son etapas de desarrollo en las que las emociones cobran una especial relevancia. Los cambios físicos y psíquicos en los que los jóvenes se ven inmersos en esta etapa de la vida, potencian las emociones, en múltiples ocasiones las negativas. Aquí radica la importancia de la educación emocional: en ser capaces de identificar las emociones para su correcta gestión a la vez que adquirimos habilidades sociales, de vida y bienestar que nos ayudan a superar los retos que se nos presentan. Competencias básicas para gozar de una vida plena.

“Las emociones, parten de un pensamiento, que genera un sentimiento y por último una emoción”

 

P: ¿Cómo se puede sacar provecho a esas emociones?

R: Por encima de todo, aceptándolas y no ocultándolas. Parece que todos reconocíamos momentos de crispación, de miedo, de rabia, de pena, de alegría y cómo repercutía en el cuerpo y la mente. Me altero, la respiración se me acorta, se me hinchan las fosas nasales o por el contrario otras veces me siento alegre y llena de energía. Las emociones, parten de un pensamiento, que genera un sentimiento y por último una emoción.

Lo más importante sobre las emociones es que, no son, ni buenas ni malas, todas tienen su función, su espacio y su derecho a estar. El tiempo que le damos a cada emoción es otra cosa, que nos acompañen durante mucho tiempo se convierte en un estado emocional. Si nos sentimos tristes por mucho tiempo puede que no nos deje avanzar.

P: ¿Hay que dar siempre una respuesta a los sentimientos?

R: La mayor parte de la gente ha aprendido, equivocadamente desde pequeños, que lo importante es sentirse siempre bien. Ésta idea nos lleva a tratar de evitar, a toda costa, lo que llamamos emociones "negativas".

Algunas personas plantean como respuesta a sus sentimientos o emociones negarlas, anestesiarlas con el uso de alcohol, drogas u otras cosas, llenando nuestra vida de nuevas necesidades adictivas como la comida, deporte, compras, trabajo, sexo, etc.

Otros buscan anular esas emociones positivas o negativas con actividades de riesgo o intentando taparlas con otras actividades sin llegar a comprender que sólo son conductas adaptativas o desadaptativas, adecuadas o inadecuadas dependiendo del momento en que surgen, su intensidad y la manera en cómo nos afectan.

“Cuando uno prolonga esta afección y se acostumbra a vivir bajo presión,

el cuerpo sufre y comienza el desarrollo de enfermedades físicas”

 

P: ¿Qué relación hay entre la salud física y la emocional?

R: La salud física y nuestras emociones van de la mano. Nuestros pensamientos tienen efecto en nuestro cuerpo directamente, en términos de causar reacciones a las cosas que nos pasan, las que percibimos con base en nuestras experiencias previas y el significado que le damos a esas experiencias.

Cuando un sistema en el cuerpo comienza a fallar, los demás sistemas sentirán el golpe. Esto puede significar que previamente ignoramos algún problema o situación emocional y mental que ahora nos afecta en más de una zona.

El estrés negativo —ese que tenemos por el trabajo o alguna situación negativa— libera hormonas que activan las defensas y la supervivencia a nuestro torrente sanguíneo. Una de estas hormonas está asociada con el cáncer, y al estar condicionados para trabajar bajo presión, esta hormona aumenta. Cuando uno prolonga esta afección y se acostumbra a vivir bajo presión, el cuerpo sufre y comienza el desarrollo de enfermedades físicas.

“Un buen punto de partida es no tomarse la vida demasiado en serio”

 

P: ¿Existe alguna dieta para mantenerse emocionalmente sano?

R: Alcanzar una salud emocional óptima es una de las claves para ser felices. La felicidad se relaciona con una buena calidad de vida y un estado de salud integral que incluye la dimensión física, mental, emocional y espiritual.

Siempre al hablar de Salud emocional, recomiendo como primer punto, o punto de partida, no tomarse la vida demasiado en serio. Vivimos una existencia donde las reglas del juego cambian a cada partida y en ocasiones esa falta de flexibilidad se vuelve contra nosotros.

Como reglas dentro de esa dieta emocional podríamos nombrar:

  • Ponernos en valor y darnos cuenta de la influencia positiva que causamos sobre los demás. En ocasiones damos toda la importancia a las personas que nos rodean quitando el valor a  nosotros mismos.
  • Poner líneas rojas a nuestra vida que impidan que cualquiera pueda llegar a ella y cambiarla. Es bueno darles a los demás la importancia que tienen en verdad y tomarnos en serio lo que verdaderamente merece la pena.
  • Volver a disfrutar del silencio, aprender a escucharnos y disfrutar de oxigenar nuestra mente.
  • Procese situaciones pasadas para reducir su angustia y planee en lo posible para reducir ansiedades. Así podrá dedicarse 100% al presente.
  • Eleve la calidad de sus relaciones esenciales, recuerde que calidad de vida depende en gran medida de la calidad de las relaciones.
  • En suma, dediquemos tiempo a nosotros mismos.

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